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Qué son las funciones ejecutivas y por qué son importantes 

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Mujer meditando la sala de su casa

Tiempo de lectura: 6 minutos

Las funciones ejecutivas del cerebro son un conjunto de capacidades referidas a la formulación de metas, la planificación para alcanzarlas y la ejecución eficaz de la conducta, tal y como se explica en un artículo de la revista Poiésis, de la Universidad Católica Luis Amigó. Se trata de procesos que el cerebro coordina para facilitar la ejecución de tareas mentales, y que influyen directamente en el comportamiento de las personas.

En este artículo le contamos en qué consisten estas funciones, cómo se agrupan, cómo se van formando con el tiempo y qué regiones del cerebro participan en su control. 

Qué son las funciones ejecutivas

Según el Child Mind Institute, estas funciones agrupan las habilidades que se necesitan para planificar, fijar metas, priorizar tareas y regular el comportamiento. En otras palabras, son las que hacen posible resolver el día a día sin mayor esfuerzo y adaptarse a lo que se presente.

Nadie nace con estas capacidades ya formadas: se desarrollan con el tiempo, sobre todo durante la niñez, y dependen en buena parte de la orientación que reciben los niños de los adultos a su alrededor, quienes les enseñan a controlar impulsos, prestar atención y recordar lo importante. No es un proceso automático ligado únicamente a la edad, sino que depende del aprendizaje y del entorno en el que se crece.

Tampoco existe un único punto del cerebro responsable de todo esto. Se trata, más bien, de la interacción entre distintas regiones y redes neuronales, entre ellas la corteza prefrontal, el lóbulo parietal, el lóbulo temporal y el sistema límbico. El Weill Institute for Neurosciences de la Universidad de California San Francisco agrupa las funciones ejecutivas en dos grandes categorías: habilidades de organización y habilidades de regulación, que veremos a continuación. 

Habilidades de organización

Este grupo reúne las capacidades cognitivas que permiten estructurar la información, el tiempo y los recursos disponibles. Aquí se incluyen la capacidad de mantener la atención, de procesar y guardar información, y de resolver problemas.

Capacidad de atención

Poder dirigir y sostener la atención en algo puntual, sin dejarse llevar por lo que no importa, es una de las funciones ejecutivas más elementales. Está muy ligada a la inhibición, ya que exige frenar respuestas automáticas. Cuando esta capacidad se exige demasiado, suele aparecer esa fatiga mental que hace difícil seguir concentrado en algo. 

Memoria de trabajo

Gracias a la memoria de trabajo, el cerebro puede retener y procesar información mientras se está resolviendo una tarea exigente; en la práctica, es lo que permite analizar, organizar y usar los datos que van llegando casi en tiempo real. Cuando falla, puede manifestarse como pérdida de memoria a corto plazo. 

Solución de problemas

Enfrentar algo desconocido y encontrarle una salida efectiva también depende de las habilidades de organización, e implica análisis, planificación y toma de decisiones. Aquí entra en juego la flexibilidad cognitiva, necesaria para dejar de lado una estrategia que no está funcionando y probar con otra. Los ejercicios de estimulación cognitiva son útiles para mantener esta habilidad activa. 

Razonamiento abstracto

El razonamiento abstracto cierra este grupo, y es lo que permite entender situaciones que no se relacionan directamente con lo vivido, detectar patrones y diferencias entre distintos escenarios, y aplicar conclusiones generales a contextos nuevos. La gimnasia cerebral es una forma de entrenar esta capacidad. 

Mujer pensativa mirando por la ventana del tren

Habilidades de regulación

Este segundo grupo determina el autocontrol y la manera en que se manejan las emociones, permitiendo frenar impulsos y tomar decisiones con más calma. Son las funciones que ajustan el comportamiento y la reacción emocional según la situación, con un peso importante en lo social, lo académico y lo laboral. 

Control de impulsos y emociones

Manejar bien las emociones frente a cualquier estímulo depende de esta función: la inhibición frena las reacciones impulsivas, y la autorregulación implica reconocer y gestionar lo que se siente. Quienes no la han desarrollado bien suelen perder el control con más facilidad y tener dificultades para manejar el estrés, lo que en ocasiones puede derivar en ansiedad. Los ejercicios de relajación ayudan a fortalecerla. 

Regulación de la conducta

Esta función tiene que ver con ajustar el comportamiento al contexto y a las normas sociales, y resulta clave para planificar metas a largo plazo. Cuando no está bien desarrollada, es más común procrastinar y priorizar lo inmediato, algo que con el tiempo también puede afectar la autoestima. 

Mujer conversando con su psicólogo

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Su desarrollo a través de los años

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en un artículo elaborado junto con la Fundación Apapacho y la Universidad de Harvard, explica que durante los primeros cinco años de vida se forman millones de conexiones neuronales, y que el ambiente y las experiencias que reciben los niños son determinantes para que esas conexiones se den de forma saludable. Cuando existen cuidado, afecto y estimulación adecuados, se sientan las bases para desarrollar habilidades como la regulación emocional, que forma parte de las funciones ejecutivas.

Las interacciones sociales son clave en este proceso, ya que el aprendizaje es la principal vía para adquirir estas habilidades. Con el tiempo, zonas como la corteza prefrontal siguen madurando hasta alcanzar su punto máximo en la adultez. Un artículo de la National Library of Medicine señala que las funciones ejecutivas pueden seguir desarrollándose incluso en la edad adulta, siempre que exista práctica constante. 

Regiones del cerebro involucradas

Aunque la corteza prefrontal es el área donde se desarrollan las funciones cognitivas, su funcionamiento depende de la interacción con otras partes del cerebro, como la corteza cingulada, la corteza parietal, los ganglios basales, la amígdala y el hipocampo. Es decir, ninguna región trabaja sola; las funciones ejecutivas dependen de la conexión entre varias de ellas.

La corteza cingulada, por ejemplo, se relaciona con la regulación emocional, la adaptación a lo nuevo y la resolución de problemas, mientras que la corteza prefrontal está más vinculada a la planificación, la toma de decisiones y la inhibición de respuestas automáticas. 

Mujer teniendo una conversación amena con su psicólogo

Cuando estas funciones no funcionan bien

Cuando las funciones ejecutivas se alteran, se ve afectado el desempeño de habilidades como el control de la atención, el procesamiento de la información, el autocontrol y la regulación emocional. Estas alteraciones pueden originarse por trastornos neurológicos o psiquiátricos, o por dificultades en el desarrollo del cerebro, y en casos avanzados pueden derivar en deterioro cognitivo grave si no se atienden a tiempo.

Entre las alteraciones más conocidas están el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro autista (TEA), que suelen dificultar mantener la atención, regular la impulsividad y manejar las emociones. Un artículo publicado en la Revista Criminalidad de la Policía Nacional analiza distintos programas para mejorar las funciones ejecutivas en niños de contextos vulnerables, donde la exposición a condiciones adversas puede afectar la maduración de estas habilidades, y resalta la importancia de una estimulación adecuada desde edades tempranas.

El cerebro y sus funciones también pueden verse afectados por lesiones o por otras condiciones de la mente. En cualquier caso, la evaluación y el diagnóstico deben estar a cargo de un profesional especializado.